9 advocaciones para preparar la Inmaculada. Tercer día: Virgen del Rosario


Un buen día surgió la posibilidad de ir al golfo de Patras, en Grecia, a luchar a Lepanto. Porque los Otomanos, que llevaban más de un siglo en Constantinopla, querían seguir su conquista de la Cristiandad. 
La Liga Santa, creada en 1571, estaba compuesta por la Monarquía Hispánica, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. Tenía la intención de frenar el ataque de los Otomanos. Y Lepanto fue el gran intento logrado de decir “basta” a los turcos. 
En el bando cristiano estaba al mando don Juan de Austria, hombre de confianza de nuestro rey Felipe II. Que era el gran apoyo del papa Pío V, gran propulsor de la Liga Santa. En el otro bando se encontraba Müezzinzade Ali Paşa, también conocido como Alí Pacha, almirante del Sultán Otomano Selim II, hijo del gran sultán Solimán el Magnífico. 
En el lado cristiano la nave capitana era la Real y en el otomano la Sultana. Las tropas se movían en galeras.
Don Juan de Austria mandó levar anclas un 3 de octubre de 1571. Yo iba en la galera Marquesa, bajo el mando de Don Álvaro de Bazán. 
Mientras la nave capitana, La Real, al mando de don Juan se encontró con la Sultana. En la fase previa al asalto un mosquete hirió al gran almirante Alí Paşa en la cabeza, y en el asalto un espadachín cortó la cabeza al mismo y un piquero la clavó en una pica y la levantó. Cuando la mostró al enemigo provocó el pánico de los otomanos, y la ovación de los tropas de la Liga Santa. Hasta que don Juan vio este esperpento y lo paró. 
Ya que tal humillación no venía a cuento. Y bien hizo, porque una cosa es la victoria y otra alardear de ella. Ya que, como bien es sabido, el papa Pío V mandó rezar a toda la cristiandad el rosario, el día de la contienda. Esa fue el arma poderosa que hizo ganar la batalla. De hecho quedó ese día como el de Nuestra Señora de las Victorias. 



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